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Músicos independientes: ¿autogestión sustentable?

En la actualidad, numerosos músicos independientes desarrollan su actividad, respondiendo al llamado de su vocación, como solistas o en bandas. El crecimiento de las capacidades de procesamiento de las computadoras y la disminución relativa de sus costos les permitieron a estos músicos transformarse más fácilmente en productores independientes de sus obras, apostando a la autogestión. Mediante medios digitales, con los conocimientos necesarios, se puede realizar una grabación de calidad en un estudio casero o en una sala de ensayo medianamente equipada. Por lo tanto, se simplificó la producción de obras musicales, sobre todo en las etapas iniciales del proceso.

Sin embargo, las dificultades aparecen al momento de culminar el proceso al llegar a la etapa de difusión y comercialización de las obras. El encuentro del artista y su obra con el público potencial se vuelve cada vez más complejo, ya que no existen los canales que lo encaucen. Los jugadores tradicionales, incluso los que dicen defender los intereses de los músicos, intentan mantener el esquema consolidado, que sólo apunta a los artistas consagrados o “vendibles”, para no perder su cuota de participación.

Por un lado, las regulaciones en materia de habilitaciones de espacios culturales o destinados a la realización de espectáculos públicos, por lo menos en la ciudad de Rosario, requieren una revisión que se adecúe a las necesidades de los artistas independientes (por las exigencias en cuanto a superficie del local que se les exige a los dueños de los espacios culturales para tener música en vivo). Por el otro, los programas de subsidios se vuelcan a las instancias de producción de las obras musicales culturales, sobre todo de artistas inéditos o para primeras obras, pero no continúa en las instancias de distribución y comercialización.

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Una modificación positiva en este sentido la puede constituir la creación de una cadena de valor provincial de bienes culturales, la cual empezó a gestarse el año pasado, ya que se vuelve imperativo articular las acciones de los diferentes actores de la cadena de producción de obras musicales independientes en una red de comercialización de las mismas: universidad, bandas y músicos, salas de ensayo, estudios de grabación, espacios culturales, disquerías locales especializadas.

Esta construcción de una cadena de valor deberá soportar la difusión y comercialización de la música en todos los soportes utilizados en la actualidad (físicos y digitales) y deberá integrarse con las redes sociales, permitiendo la utilización de las herramientas de marketing digital y segmentación, para poder llegar con las obras al público potencial de las mismas, en la ciudad, el país y el mundo.

Si bien existen agrupaciones de músicos independientes que están trabajando en este sentido, intentando romper los esquemas consolidados de la industria que apuestan a fórmulas seguras para recuperar la inversión, convertir un proyecto musical en sustentable para sus creadores sigue siendo un deseo lejano.

El desafío es pensar mediante qué mecanismos podría reducirse esta brecha entre deseo y realidad, y tornar sustentables y perdurables en el tiempo estos proyectos musicales. A lo largo de este año vamos a estar trabajando en herramientas orientadas en este sentido. Los invitamos a acompañarnos y a contribuir en el debate con sus experiencias, ideas y conocimientos.

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